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Cómo influyen las relaciones en el ámbito laboral en las distintas culturas

La comunicación en reuniones entre diferentes culturas

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Cómo influyen las relaciones en el ámbito laboral en las distintas culturas

Las organizaciones internacionales realizan importantes inversiones en tecnología, desarrollo del liderazgo, mejora de procesos y captación de talento para mejorar el rendimiento empresarial. Sin embargo, muchas de ellas siguen sufriendo malentendidos evitables, retrasos en los proyectos, fallos de comunicación y dificultades de colaboración cuando sus empleados trabajan más allá de las fronteras. Estos problemas suelen atribuirse a las barreras lingüísticas, las diferencias horarias o los distintos estilos de gestión. Si bien cada uno de estos factores influye, hay otro que incide de forma discreta en casi todos los aspectos de los negocios internacionales: la forma en que se establecen y se mantienen las relaciones profesionales.

Las relaciones determinan la forma en que las personas se comunican, su grado de comodidad a la hora de plantear preguntas, la rapidez con la que expresan sus inquietudes, cómo responden a los comentarios y su disposición a cuestionar ideas o compartir conocimientos. Influyen en las relaciones con los clientes, las colaboraciones con los proveedores, la credibilidad del liderazgo y la colaboración entre equipos internacionales. En muchos aspectos, las relaciones constituyen la base sobre la que se asienta el éxito de los negocios internacionales.

El problema es que la gente suele dar por sentado que las relaciones profesionales se desarrollan más o menos igual en todas partes. Pero no es así.

Las relaciones no se construyen de la misma manera en todas partes

Todas las culturas valoran la confianza, la credibilidad, la competencia y la fiabilidad. Lo que difiere es cómo se espera que se consoliden estas cualidades. En algunos entornos empresariales, la confianza se forja principalmente demostrando experiencia, obteniendo resultados y cumpliendo sistemáticamente los compromisos. En otros, la confianza se desarrolla a la par que la propia relación. Antes de abordar cuestiones comerciales relevantes o tomar decisiones importantes, es posible que las personas quieran primero ganarse la confianza de la persona con la que están trabajando. Ninguno de los dos enfoques es intrínsecamente mejor que el otro, pero malinterpretar estas diferentes expectativas puede influir en casi todos los aspectos de los negocios internacionales.

A medida que las organizaciones se vuelven cada vez más globales, esta comprensión cobra mayor importancia. Los empleados colaboran entre distintos continentes sin llegar a reunirse nunca en persona. Los equipos de proyectos internacionales reúnen a compañeros de diferentes orígenes culturales. Los centros de capacidades globales dan apoyo a operaciones situadas a miles de millas de la sede central, mientras que las adquisiciones internacionales requieren que personas con culturas empresariales diferentes trabajen juntas como una sola organización. La tecnología facilita la colaboración, pero no puede sustituir a la confianza que se forja a través de relaciones profesionales productivas.

Por lo tanto, comprender cómo las relaciones influyen en el trabajo es mucho más que un simple aspecto de la sensibilización cultural. Se trata de una capacidad empresarial práctica que influye en la comunicación, el liderazgo, las relaciones con los clientes, la toma de decisiones, la innovación y el rendimiento de la organización.

Las relaciones no se construyen de la misma manera en todas partes

Uno de los mayores errores en el ámbito de los negocios internacionales es pensar que todo el mundo aborda las relaciones profesionales con expectativas más o menos similares. En realidad, las distintas culturas suelen tener ideas muy diferentes sobre cómo debe establecerse la confianza para que las relaciones comerciales puedan desarrollarse de forma eficaz.

En muchas organizaciones de América del Norte y del norte de Europa, las relaciones suelen surgir a raíz de una colaboración satisfactoria. La competencia, la capacidad de respuesta, la preparación y la obtención constante de resultados demuestran que una persona es de fiar. Por lo tanto, las conversaciones de negocios pueden iniciarse con relativa rapidez, ya que se espera que la confianza surja de forma natural a medida que las personas trabajan juntas.

En otros contextos, el orden puede invertirse. El propio desarrollo de la relación puede considerarse una parte importante a la hora de reducir la incertidumbre antes de asumir compromisos empresariales significativos. Las conversaciones previas a las reuniones, las oportunidades para conocer los antecedentes de alguien o el tiempo que se pasa durante el almuerzo o la cena no son distracciones del negocio. A menudo se consideran una parte esencial para hacer negocios con éxito, ya que aportan la confianza de que la relación servirá de base para una futura colaboración.

Estas diferentes expectativas explican por qué, en ocasiones, las reuniones internacionales dejan a los participantes con impresiones muy distintas sobre una misma interacción. Un directivo puede considerar que la reunión ha sido muy productiva porque se tomaron decisiones de forma eficiente. Otro puede salir con la sensación de que el debate avanzó demasiado rápido antes de que se hubiera establecido la confianza suficiente. Ninguno de los dos está necesariamente equivocado. Simplemente están evaluando la reunión partiendo de supuestos diferentes sobre cómo deben desarrollarse las relaciones profesionales.

Esta distinción suele hacerse evidente cuando las organizaciones se adentran en nuevos mercados internacionales. Las empresas acostumbradas a entornos muy centrados en las tareas pueden subestimar la importancia de establecer relaciones con clientes, proveedores, funcionarios públicos o socios comerciales. Del mismo modo, las organizaciones que, por naturaleza, dedican mucho tiempo a desarrollar relaciones pueden sentirse frustradas cuando sus colegas en el extranjero parecen ansiosos por pasar directamente a las negociaciones comerciales. Comprender estas diferentes expectativas ayuda a las organizaciones a evitar malinterpretaciones de los comportamientos y a desarrollar alianzas internacionales más sólidas.

Esto cobra especial relevancia cuando se trabaja en un entorno con diferentes culturas nacionales. Por ejemplo, las organizaciones que operan en la India, Egiptoo Brasil pueden descubrir que dedicar tiempo a las relaciones ayuda a generar confianza antes de tomar decisiones comerciales importantes. En comparación, las organizaciones que operan en Alemania o en Estados Unidos pueden descubrir que los conocimientos técnicos, la preparación y el cumplimiento fiable de los compromisos establecen la credibilidad más rápidamente que el desarrollo prolongado de relaciones.
Estos ejemplos nunca deben interpretarse como estereotipos nacionales rígidos. La personalidad individual, la cultura organizativa, el sector y la experiencia internacional previa influyen en el comportamiento. No obstante, comprender las expectativas culturales generales proporciona un contexto valioso que ayuda a explicar por qué los compañeros de trabajo, los clientes y los socios a veces abordan las relaciones de manera diferente.

Cómo influyen las relaciones en el día a día de las empresas

Cómo influyen las relaciones en el día a día de las empresas

Las diferentes expectativas respecto a las relaciones se hacen más evidentes en las actividades empresariales cotidianas que en las negociaciones formales. La comunicación, las reuniones, los comentarios, la toma de decisiones y la colaboración se ven influidas por el nivel de confianza que las personas tienen unas en otras.

La comunicación es uno de los ejemplos más claros. Las organizaciones suelen dar por sentado que los problemas de comunicación surgen porque las personas hablan idiomas diferentes. En realidad, muchos malentendidos se producen porque las personas interpretan exactamente la misma conversación a través de expectativas relacionales diferentes.

Algunos profesionales consideran que la comunicación directa demuestra honestidad, eficiencia y profesionalidad, ya que elimina la ambigüedad y permite abordar los problemas con rapidez. Otros creen que mantener una relación laboral positiva es igualmente importante, sobre todo a la hora de tratar temas delicados o expresar desacuerdo. Por ello, pueden expresar sus inquietudes con mayor cautela para preservar la confianza, sin dejar de abordar el problema subyacente.

Las organizaciones que comprenden cómo se comunica la gente en el ámbito empresarial suelen estar mejor preparadas para distinguir entre problemas de comunicación reales y diferencias en el estilo de comunicación.

Las reuniones plantean retos similares. Imagina un equipo de proyecto internacional debatiendo una implementación de gran envergadura. El director del proyecto anima a los participantes a identificar los riesgos y a cuestionar las hipótesis antes de acordar el plan de ejecución. Varios compañeros aportan sus opiniones con franqueza, cuestionando aspectos de la propuesta y sugiriendo alternativas. Otros se mantienen relativamente callados, a pesar de ser conscientes de posibles motivos de preocupación.

Desde el punto de vista del director del proyecto, los participantes más callados pueden parecer desinteresados o poco dispuestos a aportar ideas. Desde su punto de vista, plantear sus inquietudes en privado tras la reunión puede ser una forma más constructiva de mantener relaciones laborales productivas, al tiempo que se garantiza que se aborde el tema. Ambos grupos creen que se están comportando de forma profesional, pero salen de la reunión con percepciones muy diferentes de lo que ha ocurrido.

Fomentar una mayor concienciación sobre la comunicación en las reuniones ayuda a las organizaciones a crear entornos en los que los diferentes estilos de comunicación contribuyan positivamente a una mejor toma de decisiones.

La retroalimentación ofrece otro ejemplo. Un directivo recién nombrado que dirige un equipo internacional cree que una retroalimentación rápida y directa demuestra imparcialidad, ya que todo el mundo entiende qué es lo que hay que mejorar. Algunos empleados aprecian la claridad y responden de forma positiva. Otros se vuelven notablemente más reservados tras las conversaciones de retroalimentación porque sienten que la relación aún no se ha desarrollado lo suficiente como para mantener conversaciones tan directas. El directivo cree que ha demostrado un liderazgo eficaz, mientras que algunos miembros del equipo se preguntan si existe confianza entre ellos. La dificultad no surge porque ninguna de las partes se esté comportando de forma inadecuada, sino porque tienen expectativas diferentes sobre la relación que debería existir antes de que tengan lugar conversaciones difíciles.

Fomentar la confianza en la retroalimentación en un contexto intercultural permite a los directivos encontrar el equilibrio entre la claridad y la sensibilidad en las relaciones.

Las expectativas en las relaciones también influyen en la toma de decisiones. Algunas organizaciones valoran las decisiones rápidas una vez que se ha recopilado suficiente información. Otras dan mayor importancia a la consulta, ya que involucrar a un grupo más amplio de personas refuerza el compromiso y favorece la puesta en práctica. Por lo tanto, los equipos internacionales pueden sentirse frustrados cuando un grupo considera que las decisiones se retrasan innecesariamente, mientras que otro cree que aún no se ha consultado adecuadamente a las partes interesadas importantes. Comprender cómo se toman las decisiones en diferentes culturas ayuda a las organizaciones a mejorar tanto la calidad de las decisiones como el compromiso a largo plazo.

Las relaciones y el rendimiento organizativo

Las relaciones profesionales tienen una influencia que va mucho más allá de las interacciones individuales. Afectan al rendimiento de la organización en múltiples ámbitos de la empresa.

Las relaciones sólidas animan a las personas a compartir conocimientos de forma más abierta. Los empleados se muestran más dispuestos a admitir sus dudas, pedir consejo y señalar posibles riesgos antes de que se conviertan en problemas graves. La información circula con mayor libertad entre departamentos y ubicaciones geográficas, ya que las personas confían en que sus compañeros responderán de forma constructiva.

Las relaciones también influyen en la innovación. Los equipos en los que reina la confianza suelen sentirse más cómodos a la hora de explorar nuevas ideas, cuestionar supuestos y poner en tela de juicio los enfoques existentes. Cuando falta confianza, los empleados suelen evitar asumir riesgos interpersonales, lo que reduce la diversidad de ideas que contribuye a la innovación.

Las relaciones con los clientes se ven igualmente afectadas. Los conocimientos técnicos siguen siendo esenciales, pero las colaboraciones comerciales a largo plazo suelen depender de una confianza que va más allá de las transacciones individuales. Las organizaciones que comprenden cómo prefieren los clientes desarrollar sus relaciones comerciales suelen estar mejor posicionadas para fidelizar a los clientes, gestionar sus expectativas y crear colaboraciones comerciales sostenibles.

Relaciones y rendimiento organizativo

Los mismos principios se aplican al liderazgo. Los líderes internacionales rara vez tienen éxito simplemente por aplicar un estilo de gestión uniforme en todas partes. Los líderes exitosos reconocen que los distintos equipos pueden requerir enfoques diferentes a la hora de generar confianza, fomentar la participación y mantener relaciones productivas, sin dejar de exigir a todos que cumplan con las mismas normas organizativas.

Estas cuestiones cobran especial importancia en el marco de centros de competencia globales , donde los compañeros colaboran con frecuencia entre diferentes países y zonas horarias con una interacción presencial limitada. Las relaciones laborales sólidas fomentan un intercambio de conocimientos más rápido, una mejor colaboración y una resolución de problemas más eficaz. Las organizaciones que invierten en formación en sensibilización cultural, el desarrollo del liderazgo y una incorporación eficaz suelen descubrir que las mejoras en la comunicación van acompañadas de relaciones profesionales más sólidas y un mayor rendimiento general.

Fomentar unas relaciones internacionales más sólidas

Fomentar unas relaciones internacionales más sólidas

Para establecer relaciones internacionales eficaces no es necesario renunciar a la autenticidad personal ni adoptar comportamientos que no nos resulten familiares simplemente porque las personas procedan de culturas diferentes. Por el contrario, hay que reconocer que los compañeros de trabajo, los clientes y los socios pueden enfocar las relaciones de forma diferente y adaptarse cuando sea necesario.

El primer paso es la curiosidad. En lugar de dar por sentado que el comportamiento de alguien refleja su personalidad o su compromiso, los profesionales internacionales de éxito se preguntan si las diferentes expectativas culturales podrían explicar lo que están observando.

En segundo lugar, las organizaciones deberían crear oportunidades para que las relaciones se desarrollen de forma natural. Las reuniones virtuales centradas exclusivamente en las novedades operativas rara vez ofrecen esa interacción informal a través de la cual suele surgir la confianza. Crear oportunidades ocasionales para mantener conversaciones más amplias, fomentar la colaboración entre proyectos y apoyar el intercambio de conocimientos son factores que contribuyen a fortalecer las relaciones a largo plazo.

Por último, las organizaciones deben reconocer que el establecimiento de relaciones no es algo independiente del rendimiento empresarial. Influye directamente en la comunicación, la colaboración, el liderazgo, las relaciones con los clientes, el compromiso de los empleados y la innovación. Las empresas que comprenden esto suelen estar mejor posicionadas para operar con éxito a nivel internacional, ya que reconocen que unas relaciones sólidas favorecen unos resultados comerciales más sólidos.

Los negocios internacionales siempre implicarán perspectivas diferentes, expectativas diferentes y formas de trabajar diferentes. Las organizaciones no pueden eliminar esas diferencias, ni deberían intentarlo. Lo que sí pueden hacer es desarrollar la conciencia y la flexibilidad necesarias para establecer relaciones productivas entre culturas. Cuando eso ocurre, la comunicación mejora, la colaboración resulta más fácil y los equipos internacionales están mucho mejor preparados para alcanzar un éxito empresarial duradero.

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