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Comunicación intercultural en los negocios internacionales

La comunicación en reuniones entre diferentes culturas

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Comprender por qué la comunicación varía según las culturas

La comunicación intercultural en el ámbito empresarial suele ser malinterpretada.

Muchas organizaciones dan por sentado que los problemas de comunicación en los equipos internacionales se deben principalmente a las barreras lingüísticas o a las habilidades comunicativas de cada persona. En realidad, el problema más profundo suele estar en otra parte. La cuestión no es simplemente lo que dicen las personas, sino cómo interpretan los demás lo que dicen.

En el ámbito de los negocios internacionales, la comunicación viene determinada por unas expectativas culturales que influyen en la forma en que las personas expresan sus opiniones, gestionan los desacuerdos, establecen relaciones, escalan los problemas, participan en reuniones y responden ante la autoridad. Estas expectativas rara vez se aprecian a simple vista, ya que las personas dan por sentado, de forma natural, que su propia forma de comunicarse es normal, profesional y comprensible para todos.

Esta suposición plantea problemas en las organizaciones internacionales.

Lo que en un entorno empresarial puede parecer claro, eficaz y transparente, en otro puede resultar brusco o conflictivo. Del mismo modo, un estilo de comunicación que pretende transmitir diplomacia y profesionalidad puede interpretarse en otros contextos como impreciso, lento o poco seguro. Ninguna de las partes se está comunicando mal necesariamente. Lo más habitual es que ambas partes se comuniquen de forma eficaz según sus propias expectativas culturales, al tiempo que malinterpretan las expectativas de los demás.

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Por eso, los problemas de comunicación en las organizaciones multinacionales suelen diagnosticarse erróneamente con tanta frecuencia. Los equipos suelen dar por sentado que el problema radica en la personalidad, la capacidad, el compromiso o la profesionalidad, cuando en realidad se trata de una cuestión de interpretación.

En Global Business Culture, llevamos más de tres décadas ayudando a las organizaciones a comprender cómo estas diferencias de comunicación influyen en la colaboración en la práctica. En todos los sectores, regiones y niveles de liderazgo, se observa un patrón recurrente: la mayoría de los problemas de comunicación internacional no se deben a malas intenciones, sino a diferentes supuestos sobre cómo debe desarrollarse la interacción profesional.

Comprender esta distinción es fundamental para cualquier organización que opere a nivel internacional.

Por qué la comunicación se percibe de forma diferente según la cultura

La comunicación nunca es culturalmente neutra.

Cada cultura empresarial desarrolla una serie de supuestos sobre cómo debería ser una comunicación eficaz. Estos supuestos influyen en la forma en que las personas hablan, escriben, cuestionan ideas, participan en reuniones, expresan sus opiniones, negocian prioridades y responden ante los desacuerdos.

En algunos entornos empresariales, se espera que la comunicación sea muy explícita. La claridad se asocia con la eficiencia y la profesionalidad. Se anima a las personas a expresar sus opiniones abiertamente, a cuestionar las ideas de forma directa y a comunicar sus expectativas con claridad. Las reuniones pueden incluir debates enérgicos, discusiones rápidas y desacuerdos muy evidentes sin que ello se considere algo negativo.

En otros entornos, la comunicación funciona de forma bastante diferente. Se puede dar mayor importancia a la diplomacia, la armonía y el mantenimiento de las relaciones. Las personas pueden expresar sus inquietudes de forma más indirecta, suavizar los desacuerdos o evitar confrontar abiertamente a sus compañeros en entornos públicos. El significado suele transmitirse a través del contexto, el tono y la dinámica de las relaciones, más que únicamente mediante un lenguaje muy explícito.

Ninguno de los dos enfoques es intrínsecamente mejor que el otro. Ambos funcionan eficazmente dentro de su propio contexto cultural.

El problema surge cuando los equipos internacionales dan por sentado que sus propias normas de comunicación son universales. Una vez que se afianza esta idea, los estilos de comunicación desconocidos suelen interpretarse de forma negativa, en lugar de tener en cuenta el contexto.

Las personas con un estilo de comunicación directo pueden llegar a la conclusión de que sus compañeros son evasivos o no están dispuestos a asumir responsabilidades. Por su parte, quienes tienen un estilo de comunicación más indirecto pueden percibir a sus compañeros directos como innecesariamente agresivos o insensibles. Los equipos que valoran la comunicación rápida pueden interpretar la cautela como ineficiencia, mientras que los equipos que valoran una consulta minuciosa pueden considerar que la comunicación rápida es imprudente o poco coordinada.

Con el paso del tiempo, estas interpretaciones influyen en la confianza, la colaboración y el rendimiento del equipo mucho más de lo que muchas organizaciones creen.

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La comunicación tiene que ver tanto con la interpretación como con la expresión

Uno de los mayores errores que cometen las organizaciones es dar por sentado que la eficacia de la comunicación depende principalmente de la transmisión del mensaje.

En realidad, la comunicación se ve influida en igual medida por la interpretación.

Las personas no se limitan a escuchar las palabras de forma objetiva. Interpretan esas palabras a través de supuestos culturales profundamente arraigados sobre la profesionalidad, la autoridad, las relaciones, la jerarquía y la colaboración. Esto significa que un mismo comportamiento puede provocar reacciones completamente diferentes en función del contexto cultural de las personas implicadas.

Un alto directivo que crea estar demostrando firmeza y transparencia puede, sin quererlo, generar malestar en los equipos que asocian una comunicación muy directa con la crítica o la confrontación. Por el contrario, los líderes que se comunican con cautela y diplomacia pueden creer que están fomentando la cohesión, mientras que otros perciben vacilación o falta de claridad.

Estas diferencias cobran especial importancia en las organizaciones multinacionales, ya que la comunicación no funciona de forma aislada. Influye directamente en la toma de decisiones, la escalación de problemas, la rendición de cuentas, la percepción del liderazgo, las relaciones con los clientes y la cohesión del equipo.

En muchas empresas internacionales, las personas dedican una cantidad considerable de tiempo a pensar en lo que quieren comunicar, mientras que dedican relativamente poco tiempo a considerar cómo pueden interpretar los demás su mensaje. Sin embargo, en entornos interculturales, la interpretación suele ser el factor determinante para que la comunicación tenga éxito o fracase.

Por lo tanto, los profesionales internacionales eficaces aprenden a ir más allá de la suposición de que la comunicación solo puede evaluarse desde su propia perspectiva cultural. Desarrollan la capacidad de reconocer que los estilos de comunicación dependen del contexto y que una colaboración global satisfactoria requiere una mayor adaptabilidad y conciencia.

La influencia de la comunicación directa e indirecta

Una de las diferencias más evidentes en la comunicación internacional tiene que ver con los niveles de franqueza.

En muchas culturas empresariales occidentales, sobre todo en aquellas que hacen especial hincapié en la eficiencia y la responsabilidad individual, la comunicación suele ser relativamente directa. A menudo se fomenta un posicionamiento claro, la asunción visible de responsabilidades y el debate abierto. Los empleados pueden sentirse cómodos cuestionando ideas en público, mostrando abiertamente su desacuerdo en las reuniones o expresando sus opiniones de forma muy explícita.

En estos entornos, la comunicación directa suele asociarse con la honestidad, la competencia y la profesionalidad.

Sin embargo, este enfoque puede percibirse de forma muy diferente en culturas en las que la comunicación está más orientada a las relaciones o en las que se concede mayor importancia a preservar la armonía del grupo. En estos entornos, los desacuerdos pueden suavizarse considerablemente, las críticas pueden expresarse de forma indirecta y las personas pueden recurrir en mayor medida a las insinuaciones y al contexto que al lenguaje explícito por sí solo.

Es importante destacar que la comunicación indirecta no indica necesariamente incertidumbre o falta de confianza. En muchas culturas, refleja inteligencia emocional, diplomacia y madurez profesional. Del mismo modo, la comunicación directa no indica necesariamente agresividad o falta de sensibilidad. En muchos entornos empresariales, se considera una parte esencial de la eficiencia y la colaboración transparente.

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El reto para los equipos internacionales no es decidir qué enfoque es el correcto. El reto radica en reconocer las diferentes formas en que se pueden interpretar estos estilos.

Sin esa conciencia, los equipos pueden caer fácilmente en dinámicas de frustración mutua en las que la propia comunicación se convierte en una fuente de tensión en lugar de en un factor de coordinación.

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Cómo influye la jerarquía en la comunicación

La jerarquía también desempeña un papel fundamental en la configuración del comportamiento comunicativo entre las distintas culturas.

En algunas organizaciones y culturas nacionales, la comunicación entre los distintos niveles jerárquicos es relativamente informal. Los empleados pueden sentirse cómodos expresando abiertamente su desacuerdo, cuestionando a los líderes en las reuniones o aportando ideas, independientemente de su cargo. Los altos directivos pueden fomentar activamente el debate y considerar que el cuestionamiento abierto es una muestra de compromiso y pensamiento crítico.

En otros ámbitos, la jerarquía puede influir en la comunicación de forma mucho más marcada. Los empleados pueden comunicarse con mayor cautela con sus compañeros de mayor rango, evitar cuestionar públicamente las decisiones o esperar a recibir instrucciones más claras antes de actuar por su cuenta. Plantear inquietudes abiertamente puede considerarse inapropiado o irrespetuoso, en lugar de constructivo.

Estas diferencias revisten una gran importancia en el ámbito de los negocios internacionales, ya que influyen directamente en la eficacia del liderazgo, la gestión de proyectos, la innovación y los procesos de escalación.

Los líderes que operan a nivel mundial suelen dar por sentado que el silencio indica acuerdo, desinterés o falta de iniciativa. En realidad, el silencio puede reflejar profesionalidad, respeto por la jerarquía o reticencia a mostrar desacuerdo en público. Del mismo modo, una participación muy activa en las reuniones puede interpretarse de forma positiva en algunas culturas y de forma negativa en otras.

Las organizaciones que no comprenden cómo la jerarquía influye en la comunicación suelen sufrir frustraciones innecesarias entre las distintas regiones, funciones y equipos directivos.

Esto es especialmente habitual en las organizaciones matriciales globales, en las que se espera que los equipos colaboren simultáneamente a través de múltiples líneas jerárquicas, regiones y entornos culturales.

Puedes profundizar en este tema en nuestra página sobre jerarquía y autoridad en equipos internacionales.

Comunicación y toma de decisiones en equipos internacionales

Los estilos de comunicación también influyen en la forma en que se abordan y se aplican las decisiones a nivel internacional.

En algunas culturas empresariales, se espera que la comunicación en el proceso de toma de decisiones sea rápida, explícita y muy visible. Es posible que los participantes cuestionen abiertamente las propuestas durante las reuniones, avancen rápidamente hacia las conclusiones y esperen una rápida puesta en práctica una vez que se haya tomado una decisión.

En otros entornos, la comunicación en torno a las decisiones puede implicar un número considerablemente mayor de consultas y acuerdos informales. Los debates pueden prolongarse fuera de las reuniones formales, se puede consultar a las partes interesadas en privado antes de confirmar las decisiones y se puede minimizar la manifestación pública de desacuerdos en los ámbitos públicos.

Estas diferencias suelen generar tensiones en los equipos internacionales, ya que ambas partes interpretan de forma negativa el enfoque de la otra.

Los equipos que dan importancia a la rapidez en la actuación pueden considerar que la comunicación orientada al consenso es lenta o indecisa. Los equipos que dan prioridad a la coordinación pueden percibir que la toma de decisiones muy rápida se ha hecho sin la debida reflexión o sin la consulta suficiente.

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Es importante destacar que muchos retrasos a nivel internacional no se deben a la incompetencia ni a una gestión deficiente. Se deben a expectativas divergentes sobre cómo debe la comunicación respaldar los procesos de toma de decisiones.

Las organizaciones que son conscientes de ello suelen estar mejor preparadas para reducir las fricciones y mejorar la colaboración transfronteriza.

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Comentarios, desacuerdos y riesgos de comunicación

La retroalimentación es otro ámbito en el que las diferencias de comunicación se hacen muy evidentes.

En algunas culturas, la retroalimentación directa se considera esencial para la mejora y la rendición de cuentas. Los directivos pueden señalar abiertamente los puntos débiles, plantear retos directamente a los empleados y separar la crítica profesional de las relaciones personales. Los empleados que trabajan en estos entornos pueden esperar que la retroalimentación sea muy explícita y que permita actuar en consecuencia.

En otras culturas empresariales, es posible que los comentarios se expresen con mucha más cautela. Los directivos pueden suavizar considerablemente las críticas, comunicar sus inquietudes de forma indirecta o evitar por completo los desacuerdos públicos con el fin de preservar las relaciones y mantener la armonía dentro del equipo.

Estos enfoques tan distintos pueden dar lugar a malentendidos considerables.

Los empleados acostumbrados a recibir comentarios directos pueden llegar a no reconocer en absoluto las críticas indirectas. Otros pueden percibir los comentarios muy explícitos como innecesariamente duros o desmotivadores, incluso cuando no hay ninguna intención negativa.

Esta es una de las razones por las que los problemas de comunicación en las organizaciones multinacionales suelen adquirir un carácter emocional. A menudo se da por sentado que el estilo de comunicación refleja la personalidad o la intención de cada uno, cuando en realidad puede que simplemente refleje diferentes expectativas culturales en torno a la profesionalidad y la interacción.

Las organizaciones internacionales que logran gestionar estas diferencias con éxito suelen centrarse menos en juzgar los estilos de comunicación y más en ayudar a los equipos a comprender cómo se interpreta la comunicación en las distintas culturas.

Comunicación intercultural en equipos virtuales

El auge del teletrabajo y del trabajo híbrido a nivel internacional ha hecho que la comunicación intercultural cobre aún más importancia.

La comunicación virtual elimina gran parte de la información contextual en la que las personas se basan de forma natural a la hora de interpretar el comportamiento. En entornos presenciales, las personas suelen recurrir al tono de voz, al lenguaje corporal, al contexto de la relación y a la interacción informal para comprender mejor las intenciones. La comunicación virtual reduce muchas de estas señales.

Como consecuencia, los malentendidos pueden surgir con mayor facilidad y agravarse más rápidamente.

Los correos electrónicos pueden parecer más fríos o bruscos de lo que se pretendía. El silencio puede interpretarse de forma negativa. Las videoconferencias pueden dar la sensación de ser más bien transaccionales que colaborativas. Establecer relaciones puede llevar más tiempo entre equipos dispersos geográficamente.

Estos retos se hacen especialmente patentes en las organizaciones internacionales, donde las expectativas en materia de comunicación ya varían considerablemente de una cultura a otra.

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Por lo tanto, las organizaciones internacionales altamente eficaces suelen establecer marcos de comunicación más claros para la colaboración virtual. Crean una mayor coherencia en lo que respecta al comportamiento en las reuniones, los procesos de escalado, las expectativas de respuesta, la responsabilidad en la toma de decisiones y las normas de colaboración.

Sin esta claridad, los prejuicios culturales pueden generar fácilmente confusión y tensiones en los equipos globales que trabajan a distancia.

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Diferentes formas de abordar los desacuerdos

Las reuniones suelen poner de manifiesto importantes diferencias culturales en cuanto a la forma de gestionar los desacuerdos.

En algunas culturas, el debate abierto se considera una parte importante del proceso de toma de decisiones. Los participantes pueden debatir ideas con vehemencia, cuestionar supuestos y mostrar abiertamente su desacuerdo con sus compañeros sin que ello afecte a las relaciones. El objetivo suele ser mejorar los resultados a través del debate.

Es posible que otras culturas aborden los desacuerdos con mayor cautela. Se tiende a evitar los conflictos evidentes, sobre todo en entornos grupales, ya que preservar las relaciones y mantener la armonía se consideran objetivos profesionales importantes. Las inquietudes pueden plantearse en privado tras las reuniones, en lugar de hacerlo públicamente durante las mismas.

Estos enfoques tan distintos pueden generar confusión. Los equipos acostumbrados al debate abierto pueden pensar que los demás se están guardando sus opiniones, mientras que aquellos procedentes de culturas más orientadas a la armonía pueden percibir el debate como algo innecesariamente conflictivo.

Es fundamental comprender estas diferencias, ya que a menudo siguen existiendo desacuerdos, se expresen abiertamente o no. Los equipos internacionales eficaces aprenden a crear entornos en los que se puedan plantear las inquietudes de forma constructiva, de manera que resulte culturalmente adecuada para todos los participantes.

Por qué la comunicación intercultural es importante desde el punto de vista comercial

La comunicación intercultural suele considerarse erróneamente como una habilidad interpersonal «blanda».

En realidad, esto tiene consecuencias operativas y comerciales directas.

Una comunicación deficiente entre culturas puede ralentizar los proyectos, debilitar la coordinación del equipo directivo, perjudicar las relaciones con los clientes, aumentar la frustración dentro de los equipos y reducir la eficacia general de la organización. En algunos casos, los problemas de comunicación pueden afectar significativamente a la retención del personal, el compromiso de los empleados y los esfuerzos de expansión internacional.

Por el contrario, las organizaciones que desarrollan una sólida capacidad de comunicación intercultural suelen estar mejor preparadas para coordinar equipos internacionales, integrar adquisiciones, gestionar clientes globales y operar de forma coherente en todas las regiones.

A medida que las empresas se internacionalizan cada vez más, la capacidad de adaptación en la comunicación se convierte en una competencia estratégica, más allá de ser simplemente una preferencia interpersonal.

Las organizaciones que obtienen mejores resultados a nivel mundial rara vez son aquellas que eliminan por completo las diferencias culturales. Por lo general, son aquellas que comprenden cómo esas diferencias influyen en la comunicación y que ayudan activamente a los equipos a gestionarlas de forma más eficaz.

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De la concienciación sobre la comunicación a la adaptabilidad comunicativa

El objetivo de la comunicación intercultural no es conseguir que todo el mundo se comunique de la misma manera.

Tampoco se trata de memorizar estereotipos culturales ni de aprender normas de comportamiento rígidas.

El verdadero objetivo es la adaptabilidad.

Los profesionales internacionales altamente eficaces son conscientes de que la comunicación funciona de manera diferente según la cultura y de que una colaboración satisfactoria requiere flexibilidad a la hora de abordar, interpretar y gestionar la comunicación.

Esta capacidad de adaptación permite a las personas establecer relaciones más sólidas, reducir los malentendidos y desenvolverse con mayor eficacia en entornos internacionales sin perder autenticidad ni credibilidad profesional.

Para las organizaciones, esto significa crear una conciencia compartida sobre cómo la comunicación influye en la colaboración en la práctica, en lugar de dar por sentado que los problemas de comunicación se resolverán por sí solos con el tiempo.

En el mundo de los negocios internacionales, la comunicación nunca se reduce únicamente a las palabras.

Se trata de la interpretación, las expectativas, el contexto y el comportamiento.

Las organizaciones que son conscientes de ello están en una posición mucho más favorable para crear equipos internacionales coordinados, colaborativos y de alto rendimiento.

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