Una de las causas más habituales de malentendidos en las reuniones internacionales tiene que ver con la participación.
En muchos entornos empresariales occidentales, la participación activa suele interpretarse como una muestra de implicación, preparación y compromiso. Se puede esperar que los empleados aporten ideas, hagan preguntas y cuestionen las suposiciones. El silencio puede interpretarse a veces como falta de interés o preparación insuficiente.
Sin embargo, esta interpretación dista mucho de ser universal.
En muchas culturas, los empleados pueden participar de forma diferente. En lugar de intervenir con frecuencia, pueden centrarse en escuchar con atención, asimilar la información y aportar sus ideas de forma selectiva cuando creen que pueden aportar valor. Los empleados también pueden mostrarse reacios a interrumpir a los demás o a acaparar la conversación, sobre todo cuando hay compañeros de mayor rango presentes.
Como consecuencia, los equipos multinacionales a veces interpretan erróneamente el comportamiento de los demás. Los empleados muy participativos pueden ser considerados excesivamente dominantes o conflictivos, mientras que de los participantes más reservados se puede suponer erróneamente que carecen de confianza, conocimientos o compromiso.
Comprender estas diferentes expectativas ayuda a las organizaciones a crear entornos de reunión que fomenten una mayor participación sin obligar a todo el mundo a comunicarse de la misma manera.
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