Las actitudes hacia los plazos suelen tener su origen en una visión cultural más amplia del tiempo en sí mismo. En algunos entornos empresariales, el tiempo se considera un recurso que debe gestionarse, planificarse y controlarse con cuidado. Los calendarios se diseñan para aportar seguridad, los hitos se toman en serio y los plazos se consideran mecanismos esenciales para coordinar el trabajo y garantizar la rendición de cuentas. Cumplir con los plazos suele considerarse una muestra de profesionalidad, fiabilidad y respeto hacia los compañeros.
En otros entornos culturales, es posible que se aborde el tiempo con mayor flexibilidad. Los planes y los horarios siguen siendo importantes, pero puede haber una mayor aceptación de que las circunstancias evolucionan y las prioridades cambian. A menudo se hace hincapié en alcanzar el resultado deseado, en lugar de ceñirse rígidamente a un calendario inicial. Los acontecimientos inesperados, las consideraciones relacionadas con las relaciones o las oportunidades que surgen pueden justificar legítimamente la adaptación de los planes y la revisión de las fechas acordadas.
Ninguna de las dos perspectivas es intrínsecamente superior. Ambos enfoques se han desarrollado porque respaldan diferentes formas de organizar el trabajo y gestionar la complejidad. Las dificultades surgen cuando las personas dan por sentado que todo el mundo comparte sus propias suposiciones en cuanto al tiempo y los plazos.
Esta cuestión suele hacerse especialmente patente en los equipos de proyectos internacionales. Un director de proyecto puede elaborar minuciosamente un plan en torno a una serie de hitos, esperando que cada fecha se considere un compromiso firme. Sin embargo, los miembros del equipo que se encuentran en otros lugares pueden interpretar esas mismas fechas de forma bastante diferente, considerándolas objetivos que representan la dirección preferida a seguir, pero que siguen estando sujetos a ajustes si las circunstancias lo requieren.
Sin un diálogo explícito, ambas partes pueden acabar sintiéndose frustradas. Una de ellas cree que no se están tomando en serio los compromisos, mientras que la otra tiene dificultades para entender por qué parece que la flexibilidad no es bienvenida. El problema no suele ser la falta de compromiso, sino una diferencia en las suposiciones subyacentes sobre el papel que deben desempeñar los plazos en la gestión del trabajo.
En nuestras guías específicas por país, más detalladas, podrás encontrar información sobre las diferentes normas culturales de los países con los que podrías llegar a trabajar.