La cultura influye mucho más allá de las costumbres nacionales o el protocolo empresarial. Determina la forma en que las personas interpretan la profesionalidad, la autoridad, la comunicación, el trabajo en equipo, la confianza y las relaciones en el lugar de trabajo. En los equipos multiculturales, estas diferencias suelen manifestarse de formas sutiles, pero muy importantes.
Por ejemplo, los empleados de algunas culturas pueden sentirse cómodos expresando sus opiniones abiertamente durante las reuniones y cuestionando las ideas de forma directa. Otros pueden preferir una comunicación más estructurada y evitar mostrar públicamente su desacuerdo con los compañeros de mayor rango. Algunos empleados pueden dar prioridad a la rapidez y la ejecución ágil, mientras que otros pueden hacer mayor hincapié en la consulta, la búsqueda del consenso y la gestión de las relaciones antes de que se tomen las decisiones definitivas.
Estas diferencias no indican necesariamente que un enfoque sea mejor que otro. Simplemente reflejan diferentes supuestos culturales sobre cómo debería llevarse a cabo una colaboración eficaz.
Las expectativas culturales pueden influir en la forma en que los empleados abordan la comunicación, la retroalimentación, los conflictos, los plazos, el trabajo en equipo y la responsabilidad. En los equipos multiculturales, los empleados suelen dar por sentado que su propio estilo de trabajo es «normal» o que todo el mundo lo entiende. Esto puede generar fácilmente frustración cuando los compañeros se comportan de forma diferente a lo que ellos esperan.