La confianza está presente en todas las culturas empresariales, pero los criterios que se utilizan para decidir si alguien es digno de confianza pueden variar considerablemente.
Para algunos profesionales, la credibilidad se gana a través de la experiencia, la puntualidad, la preparación, la transparencia y los resultados. Pueden estar dispuestos a colaborar estrechamente con alguien de quien saben relativamente poco a nivel personal, siempre que esa persona demuestre competencia profesional. La confianza se basa, en un primer momento, en lo que hace esa persona.
Para otros, la competencia profesional sigue siendo esencial, pero puede que no sea suficiente. Es posible que también quieran comprender el carácter de la persona, sus intenciones, sus antecedentes y su compromiso con la relación. La confianza se desarrolla a través de la interacción repetida, la conversación informal y un creciente sentido de obligación mutua. Está ligada tanto a lo que hace la persona como a cómo se muestra.
No se trata de dos categorías rígidas. Tanto las personas como las organizaciones, las profesiones y los sectores presentan grandes variaciones. Además, una relación puede desarrollarse de forma diferente en función del nivel de riesgo que implique. Una transacción interna rutinaria no requiere el mismo nivel de confianza que una asociación importante, una adquisición o un compromiso a largo plazo con un cliente. No obstante, reconocer estas diferencias generales ayuda a explicar por qué el desarrollo de las relaciones puede avanzar a ritmos distintos dentro de un equipo global.
Los compañeros que trabajan en entornos muy centrados en las tareas pueden dar por sentado que el cumplimiento fiable de las obligaciones generará confianza de forma natural. En cambio, quienes proceden de entornos más centrados en las relaciones pueden considerar difícil evaluar la fiabilidad hasta que no hayan desarrollado una mayor confianza en la persona. Por lo tanto, es posible que cada una de las partes esté esperando un tipo diferente de prueba.
Comprender esta distinción es un elemento importante para una comunicación intercultural. La comunicación no se interpreta al margen de la relación entre las personas implicadas. Las mismas palabras pueden tener un peso muy diferente dependiendo del grado de confianza que ya se haya establecido.