Los Centros de Capacidades Globales (GCC) suelen crearse con un objetivo estratégico claro: acceder al talento, lograr la eficiencia en los costes y poder ampliar las operaciones con rapidez. En teoría, la contratación debería ser uno de los aspectos más sencillos a la hora de crear un GCC, sobre todo en mercados con una amplia oferta de talento.
En realidad, suele ser uno de los primeros ámbitos en los que las organizaciones se encuentran con dificultades importantes.
Lo que hace que la contratación en los países del CCG resulte complicada no es la falta de talento, sino la complejidad que supone interpretar las capacidades, las intenciones y el compromiso en distintos contextos culturales. Muchas organizaciones abordan la contratación basándose en suposiciones moldeadas por su mercado de origen, solo para descubrir que esas suposiciones no se cumplen de la misma manera en otros lugares.
Estos retos rara vez resultan evidentes desde el principio. Las primeras contrataciones pueden parecer un éxito, pero con el tiempo empiezan a surgir patrones que plantean dudas sobre la calidad, la fiabilidad y la adecuación.
Gran parte de esto se debe a las dinámicas más amplias del trabajo en entornos interculturales, en las que las expectativas en torno a la comunicación, el comportamiento y la toma de decisiones difieren de formas sutiles pero importantes.