La retención comienza antes de que los empleados se incorporen a la empresa. El proceso de selección genera expectativas sobre el trabajo, el desarrollo profesional, la cultura empresarial, la experiencia internacional, la flexibilidad y las oportunidades profesionales que la organización debe ser capaz de satisfacer.
La incorporación influye en el compromiso a largo plazo, ya que determina la percepción que tienen los empleados de la organización, de su función, de sus relaciones y de sus oportunidades futuras.
Los directivos tienen un impacto directo en la retención del personal. Su comportamiento diario como líderes influye en el reconocimiento, el desarrollo profesional, la carga de trabajo, la comunicación, la seguridad psicológica y la sensación de progreso de los empleados.
Las trayectorias profesionales deben ser visibles y creíbles. El desarrollo profesional debería incluir oportunidades técnicas, especializadas, relacionadas con proyectos, internacionales y de liderazgo, en lugar de basarse exclusivamente en el ascenso a puestos directivos.
La formación favorece la retención cuando los empleados pueden aplicar sus nuevas competencias a tareas significativas y ver cómo su desarrollo profesional se relaciona con oportunidades futuras.
La responsabilidad y la facultad de toma de decisiones deben evolucionar a medida que aumenta la capacidad del GCC. Los empleados pueden perder el compromiso cuando son responsables de los resultados, pero siguen quedando excluidos de las decisiones importantes.
El reconocimiento debe ser específico, justo y estar relacionado con el impacto en el negocio. La visibilidad a nivel global puede reforzar la sensación de los empleados de que su contribución se comprende y se valora.