Uno de los aspectos más interesantes de la jerarquía es que no siempre es visible.
Muchas organizaciones se enorgullecen de tener estructuras planas y una cultura informal. Los empleados se tutean, visten de manera informal e interactúan libremente con los altos directivos. A simple vista, la jerarquía parece mínima.
Sin embargo, a menudo existen jerarquías informales bajo la superficie.
La influencia puede estar relacionada con los conocimientos especializados, la experiencia, la edad, la formación académica, la antigüedad en el puesto o la reputación profesional. Las personas que no ocupan ningún cargo directivo formal pueden, no obstante, ejercer una influencia significativa dentro de la organización.
Del mismo modo, las organizaciones que operan en culturas jerárquicas suelen llevar a cabo amplias consultas antes de tomar decisiones. Aunque la autoridad recaiga en última instancia en los altos directivos, la toma de decisiones puede contar con una importante aportación de múltiples partes interesadas entre bastidores.
Esto pone de manifiesto una realidad importante: la jerarquía no se reduce simplemente al poder. Se trata de cómo se ejerce la influencia y cómo se percibe la autoridad.
Los profesionales que se centran únicamente en las estructuras formales suelen pasar por alto estas sutilezas. Comprender las dimensiones informales de la jerarquía puede ser tan importante como comprender las líneas jerárquicas y los cargos.