Los plazos y los compromisos no siempre tienen el mismo significado en todas las culturas. Una fecha puede interpretarse como una obligación fija, un objetivo deseable o una intención sujeta a circunstancias cambiantes.
El hecho de que se esté de acuerdo no implica necesariamente un compromiso firme. Las respuestas positivas pueden indicar comprensión, disposición o la intención de intentarlo, más que la confirmación de que se hayan evaluado exhaustivamente la capacidad, los recursos y las dependencias.
Las expectativas deben ser explícitas. Los equipos necesitan claridad en cuanto a los resultados, los estándares de calidad, las prioridades, la responsabilidad, la capacidad de decisión, las dependencias y las consecuencias de los retrasos.
La antigüedad en la empresa puede hacer que resulte difícil cuestionar plazos poco realistas. Los responsables deben crear oportunidades creíbles para que los empleados puedan debatir sobre la viabilidad, las prioridades contrapuestas y las limitaciones de recursos sin dar la impresión de que no colaboran.
Las relaciones influyen en la forma en que se negocian los compromisos y en cómo se interpreta la flexibilidad. Las relaciones sólidas deberían favorecer un debate sincero, en lugar de fomentar acuerdos que no se puedan cumplir.
Los cambios en las prioridades requieren decisiones explícitas. Las nuevas tareas urgentes deberían dar lugar a una revisión de los compromisos existentes, en lugar de añadirse sin tener en cuenta la capacidad y los riesgos de ejecución.